jueves, 18 de octubre de 2007

Arrojando lastres

Poco a poco he ido despojándome de aquellos velos que, lejos de abrigarme o protegerme, sólo me servían para perder la compostura en un esfuerzo miserable por mantenerme erguida. Pero lamentablemente tantos lastres sólo encorvaban mi ánimo y dificultaban mi avance.

Y aunque todavía no me siento desnuda, endeble, expuesta... o, a fin de cuentas, renacida, lo cierto es que empiezo a percibir de nuevo esa brisa de lloviznas compartidas, pero tanto tiempo postergadas.


Esa brisa que, jadeante en mi cuello, tal vez preceda a la tormenta que, con sus miedos y sus pasiones, logrará de nuevo deslumbrarme...

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