viernes, 18 de enero de 2008

Reflejos de WC

Me los encontré de frente. Dos hombres, jóvenes, y una mujer que, como ellos, tal vez no superaba la treintena. Los tres impecablemente disfrazados de ejecutivos recién medrados.

No obstante, y pese a que ella iba ornamentada cual árbol de Navidad, en tonos dorados y con complementos en rojo, el que más me llamó la atención fue uno de los chicos.

Su cabello tenía un corte estrafalario, como aquéllos que tanto se llevaron en la década de los ochenta, y que no se sabía muy bien si derivaban de la dejadez o es que, con ellos, los varones de nuestra bien amada España intentaban emular el estilo de Curro Jiménez. Al menos, el mozalbete evitó la tentación de domar sus melenas leoninas cual Mario Conde, en sus momentos de aún glorioso protagonismo mediático. No menos llamativo que el que estaba a punto de convertirse en el presidiario con más estilo del país, presumía de un curioso tinte, que ocultaba cualquier brillo (a ver cuánto le dura al muchacho ese cabello tan insanamente seco. No hay que olvidar que cuando se critica a la baronesa Thyssen por los brillos se refieren a los de su rostro y ésos se eliminan con unos polvitos. Sí, con maquillaje también. Lo sé, lo sé. Perdón, ya vuelvo, que al paso que voy llego a Úbeda y a sus cerros). Un tinte, además, tan singular, que no sabría definir muy bien cuál es su color. Eso sí, algo más rojizo que el abrigo (tono café con algo de leche) que portaba estratégicamente sobre sus hombros, jugaba a buscar un efecto que a nadie dejase indiferente, ya que conjuntaba tanto con esta prenda amarronada como con su irresistible corbata. Bajo el abrigo, de impecable corte (esto no lo recuerdo bien, pero siempre queda pomposo decirlo), un traje negro o tal vez gris y una camisa creo que blanca. Perdónenme por la falta de detalle, pero es que sigo ensimismada rememorando su encantadora corbata, que no me deja ver más allá de su influjo.

Y es que, reflexionando sobre ella, he de confesar que me asaltaron una serie de dudas, que me hacen temer, ciertamente, acerca de mi salud mental. Me pregunté qué pensaría de semejante atuendo la taza del inodoro cuando, como cualquier humano, su percha acudiese a visitarla. Y es que, se trabaje en una oficina o en una zanja, todos acabamos miccionando y excretando por el aro, salvo cuando se presentan oportunidades tales como cagar de campo o mear tras un vehículo de cuatro ruedas (algo que les encantaba imponer a las madres de familia de antaño. Parece que aún las oigo: "¡Nene! Que no podemos entretenernos, mea ahí, detrás de aquel coche. No te preocupes, que nadie te ve". ¡Qué recuerdos, señores!).

Otra duda que se me planteó fue, por supuesto, si la corbatita del mismo tono que mi coche (rojo Lucifer, pero sin el acabado en nacarado) se adivinaría en la pulcra (hasta que la macule nuestro ya casi amigo) taza de tan cómodo aposento (y digo cómodo porque hay gente que debe usarlo como cátedra para leer trilogías de un tirón, dado el tiempo de espera al que nos han habituado algunos a quienes inexorablemente debemos seguir en tan noble causa* y es que... la naturaleza manda). Ay (suspiren), qué bello, el símbolo del poder económico reflejado poéticamente en el trono... (Perdonen, me emociono sólo con pensarlo).

Tampoco pude evitar pensar en sus deyecciones. Segura de que, si éstas se corresponden a su aspecto (de trepa en plena escalada), olerán, atufarán, exhalarán un portentoso hedor a podrido, muy adecuado para propiciar la reflexión acerca de la situación económica de nuestro país (y es que bajo los datos, como siempre, se esconde la mierda. ¡Qué bien traído!) A buen seguro, las finanzas tienen en el portador de la corbata que me ha robado el sentido a un gran entusiasta.

Al otro ejecutivo, mucho más recatado en su aspecto, me temo que prácticamente ni lo recuerdo. (Tal vez su imagen era más agradable, menos pretenciosa).

Pero aún los guardo en mi retina, a los tres como conjunto, a los tres alegres, despreocupados cual políticos (¿llevaban cartera?) y bucólicamente exultantes por ir acompañados de tan espectacular corbata. ¿O no sería por eso? Ay, dudo. ¿Por qué?


* Léase, en este caso, expulsar todos los demonios ya sea en forma líquida, sólida o gaseosa. Excretar cual exorcismo diario y, en ocasiones, extraordinariamente puntual (no hay que olvidar que algunas máquinas parecen Suizas por su precisión. Otras, no obstante, nos sorprenden con las más variadas formas de desestabilización del orden presuntamente establecido, pero... cada cual ha de acomodarse a sus circunstancias. O eso es lo que, al menos, leí en alguna ocasión).

18 comentarios:

Angel of Music dijo...

Si es que... a la hora de cagar todos somos iguales. Bueno, algunos mas escandalosos que otros xD

Druid dijo...

Jajajaja...
si que has desvariado, si...
Lo de rojo Lucifer me ha recordado tanto a mi trabajo como el hecho de excretar... o la mierda misma...
En fin, que ya se que marca de coche tienes, y si te sirve de algo, la referencia de su color acaba en KQ.
Besitos.

humo dijo...

Marquesa...
Para los demás, siempre resulta sorprendente la deriva de los pensamientos del otro, cuando es evidente que a todos se nos pasa por la cabeza, de vez en cuando, algún pensamiento politicoescatológico.

Lo difícil es pillarlos al vuelo y hacer de ellos la columna del día en este periódico sin periodicidad fija que es un blog.

irene dijo...

Escatológico donde los haya,¡cómo nos parecemos los seres vivos en ciertos momentos!
Poema:
Si caga el canario,
si caga el jilguero,
si delante del toro
se caga el torero,
si en la rama de un árbol
caga el ruiseñor,
mezclando con mierda
sus trinos de amor,
si en la Edad de Piedra
cagó el Megaterio...
¿por qué caga el hombre
con tanto misterio?
"Limpios" saludos.

Putas y Princesas dijo...

entiendes mis textos. creo nque yo los tuyos tambien. besos princesa, bueno, marquesa

Chousa da Alcandra dijo...

Curiosamente adicácheslle máis tempo ó cagallón do tio de pelo estrafalario. Vou deixar o pelo a monte!

El Vizconde Valmont dijo...

Esto me recuerda al famoso "flujo de conciencia" que popularizó el amigo Joyce en su insoportable "Ulisses". Aquí más bien yo hablaría de "diarrea de conciencia".

CalidaSirena dijo...

Realmente por mucho que nos vistamos de sitinta manera, por mucho que andemos en ambientes diferentes, o que tengamos distinto poder adquisitivo, para algunas cosas, somos los iguales.

Un beso cálido de una sirena

Bombero dijo...

Por suerte todos vamos al baño, Markesa. Ricos y pobres. Elegantes, discretos o con mal gusto. Me ha gustado lo del árbol de Navidad. Besos de fuego.

PARANOICO ILUSIONISTA dijo...

...en muchos casos cuanta mas mierda llevas encima más debes enmascararlo con distintos abalorios...
Besos de regreso

pandora dijo...

si les quitas el traje todos somos iguales.


un beso, pandora.

Juan Ayala dijo...

Marquesa, que repulsión te debió provocar el joven cachorro yupi para imaginartelo en semejante acitud...

Markesa Merteuil dijo...

Angel: algunos muuuuucho más escandalosos, cierto... Otros prefieren comunicar sensaciones a otro tipo de sentidos, ajenos al oído.

Druid: Trabajo y defecar unidos... Ummmm y yo que pensaba que en el fondo sí te gustaba... tu trabajo.

Humo, creo que lo difícil es no comentar determinadas cosas. Pero aún me contengo.

Irene, me ha llegado al corazón.

Markesa Merteuil dijo...

Princesas, en el fondo tenemos bastantes cosas en común, creo.

Chousa... a mín sempre me gustou todo o ligado co monte... Non se me nota?

Vizconde... conciencia en un comentario aparejado al textito sobre el "enmascarado"... ufff. Ni aunque sea diarreica...

Calidasirena, la diferencia radicaba otrora en que los supuestamente ricos tardaban más en esta satisfacción de necesidades. La falta de fibra en la dieta...

Bombero, la ventaja de los árboles de Navidad es que, llegado el momento, se desmontan e incluso se tiran.

Markesa Merteuil dijo...

Paranoico, por mucho que enmascaremos el hedor nos precede.

Pandora, por supuesto, sólo que en cueros ellos estarían más indefensos: tanto potingue no curte de cara a vencer al invierno en pelotas.

Juan, la verdad es que sí, pero me gustó su corbata... (Demasiadas novelas policiacas en los tiempos de juventud y muchos usos posibles).

Yyrkoon dijo...

Bueno, ¿que quieres que te diga?, cada uno tiene sus propias fobias, nunca me gustaron los pijillos, pero en líneas generales tampoco me repugnan especialmente, simplemente los ignoro, ellos no me molestan a mi y yo no los molesto a ellos.

Tu caso parece más de prejuicios que de otra cosa, como ya te comenté, si aunque la mona se vista de seda, mona se queda, esto es lo mismo. Puedes ser lo que seas y que tu trabajo tenga unas exigencias determinas. Suerte la mía que puedo ir con zapatillas y camiseta a la oficina, pero cuando toca visitar a un cliente hay que maquearse más, ¿tengo que ser juzgado como un pijo insoportable cuya mierda huele a colonia por ello? Personalmente creo que no.

Marquesa, todos tenemos prejuicios y aunque no se puedan evitar hay que tratar de dejarlos a un lado y conocer a las personas antes de ponerlos a caldo (cosa que adoro hacer xDD). Ves a "un pijo" primero asegurate de que lo es y luego ya le puedes arrancar la ropa o la cabeza a tu elección. Si le arrancas la cabeza a la primera igual te has perdido a la persona más maravillosa de la creación.

Keep in peace.

Yyrkoon dijo...

joder, que parrafada :S

Markesa Merteuil dijo...

Tampoco es eso... fue la sensación del momento. Mi mejor amigo es estéticamente un pijo de los pies a la cabeza y mentalmente a veces también, pero... le quiero. ¡Qué se le va a hacer!