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martes, 13 de mayo de 2014

Noches de música, de bailes y de fiesta

El presente se pervierte al punto de engullir pasados y futuros, arrebatándoles, en frivolidades desmedidas, cualquier licencia para devolvernos a realidades. La perspectiva yace diluida, tras recortar distancias, y la amistad se vuelve categórica, tras esquilmar cualquier vestigio de la existencia previa de una paleta multicolor. Y la noche se vuelve común: se vuelve fiesta. 

Pero, de pronto, algo lo envuelve todo en melancolía y me devuelve a ti. Y es entonces cuando miles de sonrisas pueblan mis labios que, con el hambre atenuada por el tiempo, te nombran una vez más para fantasear con un futuro improbable y ese pasado que todavía me golpea el pecho. 

La culpable es sin duda la luna que, circular, me lleva a ti: con quien me regocijé en el privilegio de vivir lo sublime. Y por eso mis retinas dibujan tu ciudad en la que callejeo lenta, preguntándome dónde estarás, mientras me pierdo en el torbellino de sentires que semejaban muertos y que ahora se desperezan. 

Y probablemente la responsable sea aquella mirada que me recuerda a ti; a ti que rompiste las barreras de lo finito arrebatándome la consciencia de lo imposible. Y de nuevo acaricio tu rostro intangible, negándome a despertar de este sueño que me conforta con ternuras viejas, mientras imagino que, en otros cuerpos, aun me piensas.

Y es por ello que me aferro a tu abrazo de aire, como tantas noches de música, de bailes y de fiesta en las que algo me devuelve a ti: a quien no supe amar de tanto amarte.

domingo, 8 de agosto de 2010

El e-mail que no envié

Y lo peor es que doce años después sigue ahí la nostalgia; el querer sentir como en aquel tiempo en el que te amé y creía que tú me querías. Y te busco en otros cuerpos, pero nada es como entonces.

La Ciudad ya no ofrece el paisaje de rostros cotidianos, ni la promesa de tu boca acercándose a mi puerta para dotar de luz a la mañana con ese simple: "Buenos días, Markesa", que me hacía estremecer.

Pero te amé, que es lo que cuenta; y creí que tú me querías, como en un milagro irrepetible del sentir, en aquellos días en los que todo se achicaba tras tu mirada azul ardiendo en mi mirada.

Doce años después ya nada es como entonces. Ni siquiera la esperanza que, temblorosa, intenta aferrarse a esa vida que, sin piedad, le arrebata día a día la razón.

jueves, 1 de octubre de 2009

Y así, de sopetón, un reencuentro con la nostalgia de una época (noviembre-diciembre de 1998), en la que mi única ocupación real era la de amar(le).

lunes, 29 de diciembre de 2008

De haberlo sabido...

(Letra: Quique González. Intérprete: Rebeca Jiménez)



"Peor que el olvido fue frenar las ganas de verte otra vez. Peor que el olvido fue volverte a ver. Volverte a ver... Me sobran motivos, pero me faltas tú sobre la cama. Y ahora las calles están llenas de bandidos cuando necesito de tu madrugada. Cuando ya te has ido, cuando me parte en dos el alma; no hubiera dudado en quedarme contigo, de haber sabido cómo yo te amaba"... Y lo peor es que sí, que lo sabía, pero me negué a escucharme.

lunes, 1 de diciembre de 2008

A veces necesito creer...

... que volveré a ser capaz de amar como entonces ... como aquel invierno (noviembre, diciembre, enero... 1998, 1999).

Y me pregunto dónde estarás. A quién sonreirás justo en el día de hoy, en el que tu sola presencia era el regalo más preciado.

Y si recordarás el sabor de mis labios, o el brillo que, cotidiano, otorgabas a mis pupilas. Ésas en las que siempre aparecía tu imagen reflejada. Tu imagen como principal protagonista...

Y a quién observarás con esa ternura tan tuya mientras maquilla su rostro, embellecido, según ese espejo benévolo, tras tanta sonrisa compartida.

Y a quién pertenecen hoy tus manos.

Y a quién regalas esos abrazos en los que solía refugiarme en aquellas noches charras en las que rasgabas la helada con sólo mirarme.

Quiero y no puedo, me decías en cada amanecer compartido. Quiero con todo tu ser; no puedo, sólo con tus labios que pronunciaban lo que mandaba la razón.

Y hoy, de nuevo, echo de menos sentirte tan próximo como entonces, cuando eras mío, pese al no puedo y pese a las distancias... de la maldita razón.

sábado, 21 de junio de 2008

Ay... Memoria...

...en todos los segundos, en todas las visiones...



Hacía tiempo que no pensaba en Memoria, pero... escuchar este tema...

...es sentir de nuevo su mirada azul embelleciendo mi rostro de sonrisas, y la lucha constante (la no indiferencia), y ese insistente: "Antes de rendirnos fuimos eternos..." con el que, mecidos en sones de Ismael Serrano, vaticinábamos los silencios del devenir.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Recorrí las calles en busca de tu sombra. Nunca antes, ni siquiera bajo soles de estío, las percibí tan doradas. El artificio inundaba cada rincón. No había, pues, cabida para oscuridades. Tampoco para unos besos furtivos amparados bajo el negro de la noche. Las luces de la ciudad eclipsaban a la luna y a tu sombra. ¿Dónde estará?, me pregunté desesperada.

Desaté mi hatillo de nostalgias para buscar su fotografía. Diluida en llantos que no quisimos compartir, carecía ya de cualquier elemento que la hiciese reconocible. Parecía más bien una masa informe, cuyas dimensiones variaban en función de la luz bajo la que la sometía a escrutinio. La sal había corroído sus contornos a tal punto que tu recuerdo podría ser el de cualquiera.

¿Cómo definirla?

Retiré todas las cargas. Limé el papel, con una lija de ternura, hasta transformarlo en negativo. Y pude, por fin, vislumbrar el origen: tu esencia, desnuda, ligera, a punto de emprender el vuelo. Tan sólo me restaba agregar el desconsuelo de tantos años de absurdos, de trabas construidas a fin de limitar cualquier pico de felicidad, de vértigos que colapsaban cualquier capacidad de placer, de peros que socavaban sonrisas... Y la vi de nuevo. Tu sombra, que otrora me pareció desafiante y orgullosa, no era más que un débil reflejo de tus miedos.

Ése, quise creer, no sería su aspecto actual.

Para reconocerla aún me restaba, por tanto, sumar al proceso una simulación de tu tiempo sin mí. Retiré la pasión contenida por nuestros muros y las dudas cimentadas en barreras que se nos antojaban infranqueables; enterré los celos junto a la sensación de impotencia que siempre me produjo el saberme incapaz de transmitirte afectos; y observé de nuevo tu sombra desnuda. Tan amable como inalcanzable, igual que entonces, cuando me empeciné en atraparla en una jaula de oro, en arroparla cada noche con caricias que mermaban su independencia, ésa que me cautivó, arrolladora, cuando me topé con tu sonrisa, tan cálida como altiva.

Esta vez retiré la venda de pasiones que, siempre que arrecia tu recuerdo, me ciega. Intuí tu sombra al otro lado del camino. Esa sombra que tanto pisoteaste para aferrarte a mis besos. Esa sombra que huyó de ti, para ser de nuevo libre. Esa sombra que recogió los restos de nuestras tempestades cuando se quebró el cerrojo que guardaba, bajo llave, nuestras pulsiones preñadas de los egoísmos tras los que escondíamos nuestros miedos.

Y fue entonces cuando decidí retroceder sobre mis pasos. Regresar a mí y soñar con lechos construidos de libertades. Lechos sobre los que nuestras ansias pudiesen retozar de nuevo juntas, pero esta vez sin prisas, sin peros... Sólo placeres desnudos, mullidos en libertades.

martes, 15 de enero de 2008

De utopías y absurdos hechos de miedos

No se me antoja un deseo más utópico que el de volver a dormirme extenuada de tanto soñarte, mientras me acuno en tu regazo, pletórica de sensaciones que me estremecen en cada suspiro. Mecida en ti, no imagino sintonía más dulce que la de tu voz rasgando incertidumbres y elevándome cada noche a la confortabilidad de tus brazos, que me arropan con cada gesto anunciado una y mil veces en tu mirada.

Sorprendida ante la lasciva nostalgia de ti, no puedo creer en otras manos que no sean las tuyas. Las añoro, una vez más, enredadas en mi cintura mientras me besas el cabello, como entonces, temeroso de ahuyentar la magia con un exceso de apremio en los placeres. Pero pensarte me duele, me duele justo en el instante del recuerdo de aquella angustia de hallarme incapaz de expresar los "te quiero" que, uno a uno, ahogaba en mi garganta anegada de miedos.

Sólo tu cobijo era quien de abrigarme de las tempestades, instigadas por la sinrazón. Pero, pese a ser sabedora de lo absurdo de cada estremecimiento, no podía por más que espiar las sombras desde aquel rincón de tu pecho en el que me acurrucaba cada tarde e imaginaba que era yo quien gobernaba la calidez de sus latidos guiando, así, tus compases.

domingo, 13 de enero de 2008

Anoche volví a escuchar su voz, a perderme en sus matices; a recordar por qué aún me persigue su magia cuando pierdo mi mirada en horizontes de azul; a añorar a quien me dotó con sus caricias de arrestos para desechar abrazos de aquéllos que ponen límites a su generosidad.

Anoche volví a sonreír oyéndole pronunciar preguntas en las que parecía interrogarse a sí mismo, a inquerirse sobre nosotros, a...

Anoche volví a imaginarle encabezando aquellas protestas brutales, en las que el principal enemigo era el capital y la sinrazón, y sus defendidos, hombres que le doblaban en edad, tal vez en fuerza, pero jamás en entusiasmo en la lucha.

Anoche volví a soñarle enarbolando banderas de justicia y libertad, y recitando aquellas consignas con las que besaba mis párpados justo antes de bendecir mis sueños de utopías compartidas.

Y anoche temí por sus alas, y anoche, como otrora, quise trenzar una camisa de ilusiones que le abrigara contra la desesperanza. Pero anoche recordé que ya pasó demasiado tiempo desde la fecha nefasta en la que me declaré incapaz de alentar sus sueños.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Le intuyo imaginando los estertores que evocan aquellos versos jamás pronunciados, aquéllos con los que agasajó a quien jamás le quiso leer; los gestos inconscientes y los rictus reprimidos ante sentires compartidos; el rubor en las entrañas de quienes quisieran ser musas y no hallan poetas. Le intuyo y le anhelo susurrante en mi cintura, en mi ombligo... bajo la luz rasgada de este invierno que muda, con su hechizo, la palidez de su belleza para iluminar con ella cada rincón de mis silencios.

martes, 6 de noviembre de 2007

Cómo me gustaba observarme desnuda en tu sonrisa...

jueves, 27 de septiembre de 2007


No más, no más, NO más. Nooooo. Aún muero por MÁS...

Pero me niego a escuchar tu voz, a temblar en tus pupilas, a sentirme viva, a aferrar de nuevo tus labios a mi espalda escondiéndonos del mundo y huyendo de todo cartel de prohibido.

Y me niego a creer que pueda hallarte en otras bocas, que pueda sonreír sin tus besos, que pueda vibrar si no es en tu cuerpo.

Y me descubro muerta cada vez que pronuncio ese NO MÁS, y me descubro muerta cuando me niego a ti, y me descubro muerta y sigo gritando ese absurdo NO MÁS, pese a que sé que no seré libre si no es contigo.

martes, 21 de agosto de 2007

Y a un mundo de ti no puedo añorarte, porque sé que mi nombre jamás dejó tus labios.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Murió el segundo. Y con él, el espejismo de observarme de nuevo hermoseada en el brillo de unas pupilas henchidas de deseos. Y aunque, en ese segundo efímero, creí recuperar tu mirada en unos ojos ajenos, no logro correr en pos de ilusiones. No puedo evitar desleír las pasiones con las apatías derivadas de tu ausencia. Me niego, pues, a conformarme con menos.

sábado, 21 de julio de 2007

Cenizas

Una vez más me sorprendo enalteciendo sonrisas eternas. Aquéllas que no fui capaz de atrapar en mis manos, ni siquiera cuando las transformabas en besos. Sonrisas encumbradas por las ausencias que cultivé con pasiones irracionales, en las que perderte se me antojó el mejor medio de conservar tus labios. Sonrisas rotas cuando te alejé de mi regazo para poder regodearme una y otra vez en tu recuerdo. Pero sonrisas, a fin de cuentas. Sonrisas que no morirán, aunque me haya empeñado en asesinarlas para evitar, una vez más, que me las prestes.

viernes, 20 de julio de 2007

...y reconocer tu voz entre un millón de voces...
No debo; no debo y lo sé; y sé que tal vez...
No, no debo.

viernes, 13 de julio de 2007


Y es entonces cuando me descubro mirando al mar, intentando medir la distancia en la que en un horizonte infinito tu mirada azul se volverá a topar con la mía; aunque sé que el salitre de los años habrá deteriorado tanto las ansias que tus ojos ya no se reconocerán en los míos. Y sé que, pese a todo, cuando por fin te encuentre, todavía me seguiré sonrojando al recordar las miradas disimuladas por velas de olores dulzones, en las que te intuía espiando mis contornos o intentando imaginar los sabores de los besos aún pendientes.


domingo, 24 de junio de 2007

Diciembre, 1998

"11 de junio

¿Será la luz que cambia? ¿O la abertura que deja el postigo? ¿O la huella de su cuerpo en las sábanas? ¿O su misma piel que, tal un camaleón, adquiriese un color distinto cada mañana? Ayer era blanca. Anteayer dorada. La víspera casi rosa. Esta mañana le he encontrado reflejos marfileños. Y mañana..., ¡olvidemos el mañana! Esperemos a la sorpresa que nos depare el siguiente día puesto que mirarlo, sólo mirarlo y jugar con las sombras que pone la luz en su piel se ha convertido ahora en mi verdadera oración de la mañana".

Diario de Mathilde, 1944 *

* Cf. Lévy, Bernard-Henri; El diablo en la cabeza (1984)