"(...) y acusándome de una falta que no había cometido, le dije que había hecho lo que hacen las mujeres. (...) el buen padre me pintó el mal tan grande, que concebí que el placer debía ser extremo; y al deseo de saber sólo en qué consistía, sucedió el de enterarme por mí misma". (Carta LXXXI, de la marquesa de Merteuil al vizconde de Valmont. "Las amistades peligrosas", Choderlos de Laclos)
martes, 13 de mayo de 2014
Noches de música, de bailes y de fiesta
domingo, 8 de agosto de 2010
El e-mail que no envié
La Ciudad ya no ofrece el paisaje de rostros cotidianos, ni la promesa de tu boca acercándose a mi puerta para dotar de luz a la mañana con ese simple: "Buenos días, Markesa", que me hacía estremecer.
Pero te amé, que es lo que cuenta; y creí que tú me querías, como en un milagro irrepetible del sentir, en aquellos días en los que todo se achicaba tras tu mirada azul ardiendo en mi mirada.
Doce años después ya nada es como entonces. Ni siquiera la esperanza que, temblorosa, intenta aferrarse a esa vida que, sin piedad, le arrebata día a día la razón.
jueves, 1 de octubre de 2009
lunes, 29 de diciembre de 2008
De haberlo sabido...
"Peor que el olvido fue frenar las ganas de verte otra vez. Peor que el olvido fue volverte a ver. Volverte a ver... Me sobran motivos, pero me faltas tú sobre la cama. Y ahora las calles están llenas de bandidos cuando necesito de tu madrugada. Cuando ya te has ido, cuando me parte en dos el alma; no hubiera dudado en quedarme contigo, de haber sabido cómo yo te amaba"... Y lo peor es que sí, que lo sabía, pero me negué a escucharme.
lunes, 1 de diciembre de 2008
A veces necesito creer...
Y me pregunto dónde estarás. A quién sonreirás justo en el día de hoy, en el que tu sola presencia era el regalo más preciado.
Y si recordarás el sabor de mis labios, o el brillo que, cotidiano, otorgabas a mis pupilas. Ésas en las que siempre aparecía tu imagen reflejada. Tu imagen como principal protagonista...
Y a quién observarás con esa ternura tan tuya mientras maquilla su rostro, embellecido, según ese espejo benévolo, tras tanta sonrisa compartida.
Y a quién pertenecen hoy tus manos.
Y a quién regalas esos abrazos en los que solía refugiarme en aquellas noches charras en las que rasgabas la helada con sólo mirarme.
Quiero y no puedo, me decías en cada amanecer compartido. Quiero con todo tu ser; no puedo, sólo con tus labios que pronunciaban lo que mandaba la razón.
Y hoy, de nuevo, echo de menos sentirte tan próximo como entonces, cuando eras mío, pese al no puedo y pese a las distancias... de la maldita razón.
sábado, 21 de junio de 2008
Ay... Memoria...
Hacía tiempo que no pensaba en Memoria, pero... escuchar este tema...
...es sentir de nuevo su mirada azul embelleciendo mi rostro de sonrisas, y la lucha constante (la no indiferencia), y ese insistente: "Antes de rendirnos fuimos eternos..." con el que, mecidos en sones de Ismael Serrano, vaticinábamos los silencios del devenir.
miércoles, 19 de marzo de 2008
Desaté mi hatillo de nostalgias para buscar su fotografía. Diluida en llantos que no quisimos compartir, carecía ya de cualquier elemento que la hiciese reconocible. Parecía más bien una masa informe, cuyas dimensiones variaban en función de la luz bajo la que la sometía a escrutinio. La sal había corroído sus contornos a tal punto que tu recuerdo podría ser el de cualquiera.
¿Cómo definirla?
Retiré todas las cargas. Limé el papel, con una lija de ternura, hasta transformarlo en negativo. Y pude, por fin, vislumbrar el origen: tu esencia, desnuda, ligera, a punto de emprender el vuelo. Tan sólo me restaba agregar el desconsuelo de tantos años de absurdos, de trabas construidas a fin de limitar cualquier pico de felicidad, de vértigos que colapsaban cualquier capacidad de placer, de peros que socavaban sonrisas... Y la vi de nuevo. Tu sombra, que otrora me pareció desafiante y orgullosa, no era más que un débil reflejo de tus miedos.
Ése, quise creer, no sería su aspecto actual.
Para reconocerla aún me restaba, por tanto, sumar al proceso una simulación de tu tiempo sin mí. Retiré la pasión contenida por nuestros muros y las dudas cimentadas en barreras que se nos antojaban infranqueables; enterré los celos junto a la sensación de impotencia que siempre me produjo el saberme incapaz de transmitirte afectos; y observé de nuevo tu sombra desnuda. Tan amable como inalcanzable, igual que entonces, cuando me empeciné en atraparla en una jaula de oro, en arroparla cada noche con caricias que mermaban su independencia, ésa que me cautivó, arrolladora, cuando me topé con tu sonrisa, tan cálida como altiva.
Esta vez retiré la venda de pasiones que, siempre que arrecia tu recuerdo, me ciega. Intuí tu sombra al otro lado del camino. Esa sombra que tanto pisoteaste para aferrarte a mis besos. Esa sombra que huyó de ti, para ser de nuevo libre. Esa sombra que recogió los restos de nuestras tempestades cuando se quebró el cerrojo que guardaba, bajo llave, nuestras pulsiones preñadas de los egoísmos tras los que escondíamos nuestros miedos.
Y fue entonces cuando decidí retroceder sobre mis pasos. Regresar a mí y soñar con lechos construidos de libertades. Lechos sobre los que nuestras ansias pudiesen retozar de nuevo juntas, pero esta vez sin prisas, sin peros... Sólo placeres desnudos, mullidos en libertades.
martes, 15 de enero de 2008
De utopías y absurdos hechos de miedos
Sorprendida ante la lasciva nostalgia de ti, no puedo creer en otras manos que no sean las tuyas. Las añoro, una vez más, enredadas en mi cintura mientras me besas el cabello, como entonces, temeroso de ahuyentar la magia con un exceso de apremio en los placeres. Pero pensarte me duele, me duele justo en el instante del recuerdo de aquella angustia de hallarme incapaz de expresar los "te quiero" que, uno a uno, ahogaba en mi garganta anegada de miedos.
Sólo tu cobijo era quien de abrigarme de las tempestades, instigadas por la sinrazón. Pero, pese a ser sabedora de lo absurdo de cada estremecimiento, no podía por más que espiar las sombras desde aquel rincón de tu pecho en el que me acurrucaba cada tarde e imaginaba que era yo quien gobernaba la calidez de sus latidos guiando, así, tus compases.
domingo, 13 de enero de 2008
Anoche volví a sonreír oyéndole pronunciar preguntas en las que parecía interrogarse a sí mismo, a inquerirse sobre nosotros, a...
Anoche volví a imaginarle encabezando aquellas protestas brutales, en las que el principal enemigo era el capital y la sinrazón, y sus defendidos, hombres que le doblaban en edad, tal vez en fuerza, pero jamás en entusiasmo en la lucha.
Anoche volví a soñarle enarbolando banderas de justicia y libertad, y recitando aquellas consignas con las que besaba mis párpados justo antes de bendecir mis sueños de utopías compartidas.
Y anoche temí por sus alas, y anoche, como otrora, quise trenzar una camisa de ilusiones que le abrigara contra la desesperanza. Pero anoche recordé que ya pasó demasiado tiempo desde la fecha nefasta en la que me declaré incapaz de alentar sus sueños.
jueves, 13 de diciembre de 2007
jueves, 27 de septiembre de 2007
No más, no más, NO más. Nooooo. Aún muero por MÁS...
Pero me niego a escuchar tu voz, a temblar en tus pupilas, a sentirme viva, a aferrar de nuevo tus labios a mi espalda escondiéndonos del mundo y huyendo de todo cartel de prohibido.
Y me niego a creer que pueda hallarte en otras bocas, que pueda sonreír sin tus besos, que pueda vibrar si no es en tu cuerpo.
Y me descubro muerta cada vez que pronuncio ese NO MÁS, y me descubro muerta cuando me niego a ti, y me descubro muerta y sigo gritando ese absurdo NO MÁS, pese a que sé que no seré libre si no es contigo.
martes, 21 de agosto de 2007
miércoles, 15 de agosto de 2007
sábado, 21 de julio de 2007
Cenizas
viernes, 20 de julio de 2007
viernes, 13 de julio de 2007
Y es entonces cuando me descubro mirando al mar, intentando medir la distancia en la que en un horizonte infinito tu mirada azul se volverá a topar con la mía; aunque sé que el salitre de los años habrá deteriorado tanto las ansias que tus ojos ya no se reconocerán en los míos. Y sé que, pese a todo, cuando por fin te encuentre, todavía me seguiré sonrojando al recordar las miradas disimuladas por velas de olores dulzones, en las que te intuía espiando mis contornos o intentando imaginar los sabores de los besos aún pendientes.
domingo, 24 de junio de 2007
Diciembre, 1998
¿Será la luz que cambia? ¿O la abertura que deja el postigo? ¿O la huella de su cuerpo en las sábanas? ¿O su misma piel que, tal un camaleón, adquiriese un color distinto cada mañana? Ayer era blanca. Anteayer dorada. La víspera casi rosa. Esta mañana le he encontrado reflejos marfileños. Y mañana..., ¡olvidemos el mañana! Esperemos a la sorpresa que nos depare el siguiente día puesto que mirarlo, sólo mirarlo y jugar con las sombras que pone la luz en su piel se ha convertido ahora en mi verdadera oración de la mañana".
Diario de Mathilde, 1944 *
* Cf. Lévy, Bernard-Henri; El diablo en la cabeza (1984)