miércoles, 25 de diciembre de 2013

Te has aferrado a mis sueños, en los que moras. Y tus labios se me antojan cercanos y tus manos mantienen la calidez de esas noches en vela, en las que las miradas precedían a las caricias robadas, y las sonrisas a esos besos en los que jamás logramos entregarnos.

Pero es hora de naufragar una vez más, en ese mar de tiempos y de distancias que todo lo ahoga. Todo, salvo los recuerdos que aun me hacen estremecer mientras recorro una vez más en mi memoria esos abrazos baldíos a los que me quise asir.

Y el ocaso me rinde, armado de matices y de pasiones. Y es entonces cuando mi ser me lleva de nuevo a ti, a ti que me habitas, que comandas mis apetitos en un recorrido sabio y parsimonioso que aun no sabe de finales.

Y amanezco plena de ternuras. Te has hecho de nuevo cómplice de mi despertar. Pero enseguida te extraño, sumida en ese alba de ausencias que, pese al dolor, ha de ir iluminando el día y servirse de sus colores para calmar tu recuerdo atroz. Tan nítido como inalcanzable.

Y, por fin, la mañana se torna mediodía y me viste de ilusiones a la espera de esa puesta de sol que me acerque a la noche y a los sueños en que te sueño y te siento en mí, tan mío y amable como entonces, cuando querernos era la batalla y la victoria; cuando querernos, pese a todo, se metamorfoseó en derrota.

La noche en la que te sueño.
La mañana en la que no estás...
Y el día sin ti. Siempre interminable.

martes, 19 de febrero de 2013

Sin tacones

Cuando la vida se opaca, todo parece morir. Y, en la necrosis, hasta los besos que estreno se me hielan en los labios, incapaces de romper la escarcha. Ninguna caricia es capaz de acallar el llanto inexorable con el que que intento ahogar la desesperanza y olvidar que alguna vez existió la ilusión. Ésa que semejaba eterna y que se nos resquebrajó entre los dedos. 

Las lágrimas se me hielan surcando unas mejillas sin rubor. No queda en ellas ni el residuo de aquellos sentimientos que se vestían de pureza y que la ausencia envileció. Ahora sólo las habita la salinidad de ese manantial, que, pese a que se está secando, aún huye de mis ojos en pos de ese rostro que en otro tiempo hermoseabas con una simple mirada. 

El lamento todo lo puede. Eclipsa el dolor, pero también me hunde en la apatía. ¿Será cierto que alguna vez nos amamos? Todo es borroso, todo, hasta las ganas de soñarte. 

Y, de pronto, algo me lleva de nuevo a ti. Ni siquiera te has dado cuenta, pero te acomodas en mi retina, iluminando mis ganas con esa calidez con la que todo lo envuelves. Y eres magia. Contigo en mí el silencio se vuelve música; el invierno, primavera; y la ausencia, tormento. 

Pero me escondo una vez más, parapetada en mi cobardía perenne. Es tiempo de espera, me digo, pues temo al desamor. El conformismo reclama su papel, protagonista, y sustituye a la inconsciencia en la que me había sumido intentando anestesiar los sentimientos. 

El paso, pues, es pequeño, pero a fin de cuentas es el primero de cuantos he de dar para volver a la vida. Con o sin ti, preciso que regresen las ganas y ponerme de nuevo los tacones para enfrentar al mundo. 

domingo, 13 de enero de 2013

De cuando todo sabe a vos.

(Y yo que no creía haber pedido de menú ausencias...)

lunes, 31 de diciembre de 2012

Nunca mereceré las mayúsculas cuando me defino como mujer. Tampoco lo pretendo, dado que el ser humano que mejor se aproxima a la plenitud es aquel que sabe de su lejanía y que intenta crecer y superarse a diario. El cenit de la madurez nunca llega, por mucho que algunos se empecinen en creer que lo han alcanzado, tal vez por soberbia o quizá porque ya se han rendido.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Casi una despedida

Uno tras otro mueren los sueños en tu espalda, sobre la que yo cargué el amor. Demasiado peso, tal vez, para tan poco aliento. Y es que heredas la desesperanza en forma de herida abierta, incapaz de cicatrizar. No puedes, por tanto, soportar aquello que te he confiado y yo, que me entregué a ciegas, no soy capaz de sujetarlo. Se desmorona ante mí y el abismo se abre infinito. Ante él se precipita toda la ternura que te quise regalar, sin observarme antes en tus niñas. Debí buscar el faro que me llevara a ti, para no naufragar en el intento de convertir el nosotros en hogar. Pero no lo hice y encontré lágrimas y desaliento pese a que, no lo dudo, eres capaz de ofrecer el sentimiento más dulce y la pasión más ardiente. Lo sé y, pese a ello, te perdí. Y, en mis prisas, no supe ni cómo. Estaba rendida al querer que nacía y que me convertía una vez más en vulnerable. Temblaba sólo con pensarte, con imaginar el nuevo encuentro, con soñarte desnudo de palabras y de artificios, con recordar tu mirada plena de fiesta sobre mi pecho palpitante. Y eras todo. Y por eso yo me derrumbaba en cada ausencia. Sin ti, me faltaba el aire. Contigo, me hacía cada vez más pequeña, eclipsada por tu sonrisa que me desarmaba. Eras todo, sí. Y yo... yo solamente la que te quería.

domingo, 9 de diciembre de 2012

De la crueldad de mi cama y tu ausencia.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Cuando dejas de amar, el verano se vuelve opaco.

lunes, 29 de octubre de 2012

Tan sólo quiero ver tu sonrisa, para poder mecerme en ella una vez más. Pero eres el niño de ojos tristes y yo sólo una aprendiza de mago que aún no sabe cómo romper las cadenas que te impiden volar. Y es que quisiera contarte un cuento de final feliz. Pero se me ha roto la voz con la helada. Y los mil y un finales que he soñado son solo quimeras que, como el horizonte, se alejan cuando intento alcanzarlas.

Hoy me siento rendida. Hoy necesito descansar en tu sonrisa. ¿Me la regalas?

viernes, 26 de octubre de 2012

¿Qué fue de esa quimera llamada felicidad? ¿Hemos dejado vencer a nuestros demonios, a ésos que llamamos miedos? ¿O acaso nos ciega en exceso la luz al otro lado de la caverna?

Ya está bien. Dejemos de empecinarnos una y otra vez en conformarnos con las pequeñas miserias de la cotidianidad, de repetirnos el "podría ser peor". Claro que puede ser peor, pero también mejor. 

Según defendían los seguidores de Epicuro, es menester disfrutar de lo que nos viene dado, de las pequeñas cosas, sin búsquedas o competiciones constantes que sólo nos llevarían a la angustia. Pero ellos tan sólo buscaban el placer. 

Negarnos a avanzar simplemente por miedo a perder es limitarnos. 

La cobardía nunca condujo a la felicidad, pues jamás nos permitirá completarnos ni contribuir a la dicha de otros. Y no hay que olvidar que el placer individual siempre nos sabrá a poco, ya que la felicidad, normalmente, mora en los ojos en los que nos vemos reflejados: hijos, padres, hermanos, amigos, amores, amantes e incluso en los de aquel desconocido que, sin saber muy bien cómo, pasa a ser parte de nuestra vida, aunque sea sólo por un instante.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Cómo pretendéis, amor, que os comprenda, si ni siquiera a mí me entiendo. Sólo sé que necesito despertarme aferrada a vos, en lugar de a vuestro recuerdo, para poder ver con claridad qué es lo que ansían nuestros sentires e intentar llegar a un consenso. Pero son ya demasiadas las ausencias y nostalgias que nos separan y, sin vuestro aliento en mi nuca, me falta el aire; y, sin mi calor en vuestro pecho, temo que os heléis o busquéis otro abrazo.

Pero estáis lejos, doblegado ante la apatía, mientras yo me resigno a esperar un día más vuestra sonrisa. Quiero romper su escarcha, dibujarla, besarla, hasta que aflore de nuevo en vuestras niñas. Y es que me duele esa mirada triste que os precede en cada paso. Quiero retar al tiempo, y a la distancia, y retomar la coquetería, y el juego, y la ternura con la que ilumináis cada caricia y cada gesto. 

Me urge veros, amor. Sentiros de nuevo en mí, lejos del bullicio de otras risas... Os necesito mío, únicamente mío, aunque sólo sea por unas horas, para saborear cada instante en el que, casi sin pretenderlo, lograréis que me estremezca enchida de pasiones. Y sólo entonces sabré qué es lo que quiero. Y sólo entonces intuiré cómo comprenderos.

martes, 2 de octubre de 2012

De cuando la cama resulta tan grande que no hay manera de encontrarse.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Días grises

Preciso de un nuevo amanecer de ilusiones, de un nuevo despertar en vos. No obstante, la lluvia agua el recuerdo, que semeja cada vez más lejano. La frialdad se adueña de nuestras entrañas para dar paso a la hambrienta apatía, que, carroñera, amenaza con ahogarme una vez más. 

Os echo de menos, y ni si quiera sé si sabré cómo gritarlo. Ni siquiera sé si quiero hacerlo. 

El miedo me corroe, porque temo que el silencio sea la respuesta más amable de cuantas podáis otorgarme.

Nunca eché raíces en vos. Es cierto. Nunca lo permitisteis. Y, pese a ello, abrigarme en vuestro abrazo fue como descubrir el mejor de los refugios. En él, me olvidé de tempestades, y en vuestra mirada serena creí de nuevo en la posibilidad de derrotar al desamor. Ése que, sutilmente, convirtió mi día a día en una sucesión de inviernos que semejaban ser morada. 

A cubierto de los altibajos de la marea y del furor de tempestades, en vos encontré la primavera, llena de perfumes nuevos, de color... y también de calma. Y atisbé en vuestro tacto, sabio en la entrega, el ardor del verano. Renacía así por fin al deseo, ajado por tanto desconsuelo de noches amargas y días grises. 

Pero no es vuestro momento. Tampoco el mío. Por más que me empecine en soñaros, amor.