lunes, 17 de diciembre de 2007

Cansada de añorar silencios a partir de los que poder escucharme de nuevo. Tal vez sea eso, el hastío de tanto murmullo informe, lo que mejor define mi morriña de la Ciudad Dorada, en la que el sonido de un timbre no implicaba nada. No había una consecuencia predecible.

Una clave: tres toques, como sesgo para la inconveniencia; y una posibilidad: la de seguir refugiada en mi ombligo, observando la vida desde mi nido de atalaya y decidiendo cuándo franquear su entrada.

Y, pese a esa capacidad de veto, risas, sueños hechos palabra, olor a café, ladridos de pelo blanco y ondulado, conversaciones banales, piropos, espejos eclipsados por el brillo de unas pupilas, tertulias prolongadas, ansias de buscar otros calores en noches gélidas, intercambios, lecciones de Historia jaleadas con caricias, confesiones, besos con los que desafiar a la madrugada, y regresos regados con el cava de amaneceres de abrazos interminables; y silencio, y una decena de libros esparcidos sobre el sofá, y anotaciones al pie, y un teclado, y mi balcón, y la calle siempre viva bajo mi falda, y la plaza, y a unos metros Anaya, y Libreros, y sus huellas desdibujadas por el tiempo; y a unos minutos de mi puerta, unos versos de Víctor Jara, flanqueando la entrada a un local en el que nunca llegué a disfrutar del protagonismo de su piano; y siguiendo la mirada de mi ventana, San Justo, con sus encuentros en negro y sus sonrisas siempre anchas, como la de Amanda.

6 comentarios:

principito dijo...

Ya era hora de poder leerte y comentarte de manera "normal". Bienvenida. Cambiaré la dirección.

Besitos markesa!

El Vizconde Valmont dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Vizconde Valmont dijo...

Señora marquesa, quien pudiera pasear con vuestra merced por esta postal de lotería de navidad que describis con tanto acierto. Un poco de paz, un descanso merecido y observaros sonreir sabiendo que debajo de vuestro sombrero seguis pergueñando mil y un trabajos de amor, cogida de mi brazo mientras coqueteais con falsa inocencia a resguardo de vuestro abanico.
Vaya, que mola.

Markesa Merteuil dijo...

Bienhallado, principito. Creo que iba siendo hora del cambio, en lugar de tanta queja... aunque me sigue faltando otra posibilidad, la de diseñar un fondo. Ya se verá.

Vizconde, ¿abanico en Navidad? Cierto que queda coqueto en cualquier ocasión, pero... ¿me tenéis preparado algún viaje al Caribe?

El Vizconde Valmont dijo...

Creía que las marquesas de toda la vida lo llevabais siempre, a la opera, al teatro, al pressing catch... por aquello del lenguaje secreto de los abanicos.
Ahora, que si hay que ir al Caribe, yo con usted voy a donde quiera, le puedo asegurar que no le iba a dejar tiempo ni para mirar a los mulatitos.

Markesa Merteuil dijo...

Lo cierto es que recientemente me han regalado uno realmente hermoso: amarillo, tal vez para suscitar celos o como prueba de que ya los había causado.

¿Pressing catch? Ya sabéis que por grande que sea el abanico, teniendo en cuenta que a mí me gusta ver todo muy de cerca, acabaría llena de salpicaduras incómodas no tanto a tacto como a la vista. No es apropiado, pues, que lo presencie en directo. Y bajo el calor del plasma, se me ocurren otras cosas que hacer... ;-)

Con respecto al programa del viaje... como dirían en nuestra tierra: xa será menos... :-)