sábado, 7 de junio de 2008

Leyendo a...

... mi loquita linda preferida, nuevo inciso en Cuéntame un cuento:

"A veces es más angustiosa la ausencia* en los momentos de conocimiento mutuo**, cuando es la vida la que te obliga a despertarte por la mañana y a descubrir que no está a tu lado, que el abrazo con el que creíste amanecer fue sólo un sueño, que no hay besos en la frente ni en el pelo".

¿Cómo sobrevivía el amor antes del teléfono? El amor engrandecido en tiempos de emigración, en los que se cimentaba el afecto en cartas (tal vez escritas por otro que sí era letrado***) y en nostalgias...


* El post que publicó Loquita Linda el 6 de junio de 2008 es: "algunas veces, en la mitad de una noche fría y un poco silenciosa, estiro la mano hacia el costado y me aferro al pedazo de sábana que hay en el lado vacío de mi cama solamente para recordar que no estas ahí..."
** Momentos que algunos apuestan por anegar de falacias con las que creen agradar y otros prefieren usar para "arriesgarse" a mostrarse plenamente, para que el afecto nazca real o muera antes de que florezca la desilusión.
*** Resulta cuando menos curioso que algunas mujeres aprecian cualquier gesto romántico aunque quien lo promueva no sea el artífice real del mismo. ¡Qué fuerza tiene, desde luego, esa tendencia al autoengaño complaciente!

5 comentarios:

Cat's dijo...

Una amiga recién divorciada me dice que echa de menos llegar a casa y conversar con alguien....

insisto en que ha recuperado una libertad inmediata que hace 20 años no vivía...pero ciega de amor sufre la ausencia entre las sábanas.

curioso. Muy curioso.

Markesa Merteuil dijo...

¿Desear conversar con alguien como sinónimo de ciega de amor? Ufff... Esta amiga tuya necesita una sobredosis de autoestima en vena. Sácala de compras y luego a bailar, para que pueda elegir si quiere o no a alguien entre sus sábanas.

una loca linda dijo...

a veces la soledad nos pesa tanto que no podemos darnos cuenta de que tal vez asi sea mejor...

Druid dijo...

Supongo que si existe quien es capaz de echar de menos a quien le secuestra, existe y debe existir quien echa de menos a la persona con la que vivió años, aunque eses años no fuesen felices (o parte de ellos) precisamente.

Hasta los esclavos echaban de menos el peso de las cadenas en sus cuellos ¿no?

Bicos.

Benjuí dijo...

Yo me quité el mono de cama calentita comprándome una manta eléctrica.
¡Lo juro!